El coto minero de Mutiloa: siglos de hierro bajo las montañas del Goierri – Troi Landetxea
Historia y Cultura Local · Mutiloa

El coto minero de Mutiloa:
siglos de hierro
bajo las montañas del Goierri

Desde las ferrerías medievales hasta el derrumbe de 1993, el subsuelo de estos montes alimentó fundiciones en media Europa. El trazado del ferrocarril que lo hizo posible pasa hoy por Liernia, al lado de Troi Landetxea.

Edad Media Inicio documentado
de la actividad minera en Mutiloa
1335 Fuero de Segura: primer documento
escrito sobre extracción en Mutiloa
1898 Primera utilización del ferrocarril
minero Barnaola–Danborre
1993 Cierre definitivo
de la última mina

El hierro de Mutiloa,
desde la Edad Media

Hoy cuesta creer que donde ahora solo se escucha el viento entre los robles llegaron a trabajar cientos de mineros, locomotoras de vapor y kilómetros de vagonetas cargadas de hierro.

La actividad minera documentada en Peatza y en las laderas de Ergoena arranca en la Edad Media y no se detiene hasta finales del siglo XX. Protagonizada durante siglos por los vecinos de Mutiloa, dejó un paisaje que todavía hoy guarda las huellas de lo que allí ocurrió.

Topónimos como Troya o Romanos han hecho pensar en una actividad incluso anterior, pero la fuente escrita más antigua que menciona explícitamente el hierro de Mutiloa es el fuero de ferrerías de Segura, otorgado en 1335. Ese documento indica con claridad que para entonces ya se extraía mineral de hierro en Mutiloa. Testigos de esa época son los restos de antiguas labores mineras y los abundantes escoriales en la zona de Apaolaza y Lekanburu, relacionados con las ferrerías de monte, las haizeolak.

El hierro era libre. Durante siglos, la explotación de las minas —que no su propiedad— era libre para todos los guipuzcoanos. El que quería extraer mineral para abastecer las ferrerías de la zona no debía pagar impuesto alguno ni necesitaba ningún permiso.

El mineral de Mutiloa abastecía las ferrerías de las cuencas altas de los valles del río Urola y del Oria. En 1622, dos mineros de Mutiloa se comprometieron a entregar al ferrón de Legazpi Martín Agirre 112 carros de mineral de la galería de Maasalde, en Lekanburu. El método era el mismo que usarían sus descendientes dos siglos más tarde: construían presas y pozos en la parte alta de los montes y, al abrirlas, el agua que bajaba por la pendiente separaba el mineral del barro y la arcilla. El agua llegaba después a los ríos cargada de arcilla, y los conflictos con los vecinos de la cuenca del Oria por la contaminación se repetirían durante generaciones.

1838. El mineral de Mutiloa llegaba a las ferrerías de Alegia, Legorreta, Igartza en Beasain, Yurre en Olaberria, Zegama y Bengolea en Legazpia.

En 1849, cuando entró en funcionamiento el primer horno alto en la fábrica de Araia, en Álava, fue abastecido con 1.700 toneladas de mineral de hierro de Mutiloa. Durante los conflictos del siglo XIX, el plomo del coto llamó también la atención del ejército carlista, que lo utilizó para fabricar munición.

Bocamina del coto minero de Mutiloa en Peatza

Bocamina en Peatza, una de las entradas a las galerías del coto · Foto: Troi Landetxea

El siglo XIX

A finales del XIX llegaron
las compañías y cambió todo

Documento de la Compañía Minera de Mutiloa S.A., Bilbao

Documento de la Compañía Minera de Mutiloa S.A. · Foto: mutiloakomeatzaritza.eus

La legislación minera liberal de principios del siglo XIX obligó a demarcar y privatizar las minas. El rico subsuelo de Mutiloa pasó a tener propietarios. Llegaron primero pequeños concesionarios locales. Luego llegaron las compañías europeas.

Compañías de capital inglés como la Orconera Iron Ore Company Ltd se interesaron por la zona. Pero fue la Compañía Minera de Mutiloa S.A., de capital vizcaíno, la que entre 1894 y 1897 se hizo con las concesiones mineras que hasta entonces habían estado en manos de particulares locales. Nuestra Señora de los Dolores, San Andrés, San Francisco, San Martín, Ollargain, San José, San Francisco de Paula, Rosario, Primavera y Rechipin son los nombres de algunas de esas minas.

Con las concesiones llegaron las infraestructuras. La compañía levantó planos inclinados, lavaderos de mineral y balsas de decantación. Construyó una escuela y una cantina junto al barrio de Ergoena, donde se concentraba la actividad extractiva. Convirtió el caserío Barnaola —datado en el siglo XVI y posible ferrería— en oficina, alojamiento y lavadero. Y construyó el ferrocarril minero.

En esta época el mineral de Mutiloa abastecía las grandes fundiciones inglesas y francesas como Les Forges de l'Adour de Boucou, en Baiona.

Del filón al vagón

De la chirtera al lavadero:
cómo se preparaba el mineral

Bajo los prados de Peatza, Gezurmuño y Erlategi hay pizarras margosas y areniscas del Cretáceo Superior, con islotes de calizas compactas. En Mutiloa se explotaron principalmente dos filones, Barrenola y Troi, de orientación este a oeste. El de Barrenola alcanzaba los 150 metros de corrida con un espesor medio de 20 metros y hasta 50 metros de altura. Una bolsa enorme de hierro bajo la montaña, esperando desde hace millones de años.

El mineral beneficiado era principalmente el carbonato de hierro. Se trabajaba en galería con el sistema de cámaras y pilares —las huellas de los barrenos son todavía visibles en algunas paredes. Además de los filones, existían grandes extensiones de tierra arcillosa con granos de mineral de hierro que rellenaban cavidades irregulares en las calizas: las chirteras. La gran chirtera de Gezurmuño, junto a la actual carretera a Legazpi, es fácilmente identificable aún hoy.

El mineral extraído en las chirteras y galerías no salía listo para la fundición. Había que separarlo de la arcilla. Para ello, la Compañía Minera de Mutiloa S.A. construyó entre 1899 y 1905 un complejo minero junto al caserío de Mañastegizahar —un edificio del siglo XVI cuyos propios muros incorporan trozos de mineral de hierro como material de construcción— para almacenar, lavar y expedir el mineral. Los minerales se lavaban en tromeles deslodadores unidos a motores a vapor, con el agua procedente de la mina San Francisco de Paula.

1912. Ese año se almacenaron y lavaron en el complejo de Mañastegizahar 34.500 toneladas de mineral de hierro. Trabajaban entonces 162 mineros, la mayoría vecinos de Mutiloa, pero también de Zerain, Segura y Oñati. La jornada era de seis de la mañana a seis de la tarde, doce horas seguidas. El sueldo medio diario era de 3,65 pesetas. De cada 100 libras de mineral extraído, 75 eran óxido de hierro.

Desde Mañastegizahar, el mineral lavado bajaba por plano inclinado hasta Barnaola, donde se cargaba en las vagonetas del ferrocarril.

Panel interpretativo con dibujo del complejo de Mañastegizahar

Reconstrucción del complejo de Mañastegizahar según el panel interpretativo del coto · Foto: Troi Landetxea

La construcción de cinco balsas de decantación ladera abajo evitaba que el agua contaminada llegara al río Troi. Un proyecto de trece balsas dispuestas en las laderas del valle del arroyo Troi llegó a plantearse, aunque solo se identifican cinco en el paisaje actual. Las dos últimas, consolidadas durante la rehabilitación, son un ejemplo de la ingeniería de finales del siglo XIX. El último dique, de 9 metros de altura, fue levantado en el punto más bajo de la vaguada del río Troi. En uno de los diques de Barnaola se instaló además una turbina para producir electricidad utilizada en el barrio Ergoena.

Desde Mañastegizahar, el mineral lavado bajaba por plano inclinado hasta Barnaola, donde se cargaba en las vagonetas del ferrocarril.

Caserío Barnaola, centro neurálgico del coto minero de Mutiloa Restos del lavadero de Mañastegizahar, complejo minero del siglo XIX

Izquierda: el caserío Barnaola, centro neurálgico del coto · Foto: Ángel Elorza. Derecha: restos del lavadero de Mañastegizahar · Foto: Troi Landetxea

El ferrocarril minero:
de Barnaola a Danborre

El mineral estaba en la montaña. Los mercados, en los puertos. Entre medias, varios cientos de metros de desnivel y ningún camino útil.

La solución fue el Ferrocarril Minero de Ormaiztegi a Mutiloa: una vía estrecha que supuso el acondicionamiento de una explanación de 4,5 kilómetros, con muros de contención, trincheras, drenajes, un puente y un viaducto. Se utilizó por primera vez en 1898 y era capaz de transportar 300 toneladas diarias de mineral. Durante los trabajos de rehabilitación para la vía verde aparecieron raíles originales fabricados en Bochum, Alemania, en 1881.

Barnaola
Nodo de carga. Confluían los minerales de Mutiloa y Zerain. Oficina, almacenes, lavadero.
Makinetxe
Casa de máquinas. Aquí se guardaban y reparaban las locomotoras.
Viaducto de Potxueta
Obra de ingeniería. Paso superior a las vías. Hoy visibles sus restos.
Puente de Lierni
El único puente de todo el trazado. Salvaba un desnivel con las vagonetas cargadas rumbo a Danborre.
Danborre
Extremo del ferrocarril. Punto de separación y expedición de cada compañía.

En Barnaola confluía el mineral de los dos cotos: el de Mutiloa, extraído en las chirteras de Gezurmuño y Peatza y lavado en Mañastegizahar; y el del coto de Aizpea en Zerain, al otro lado de la misma montaña, que llegaba a Barnaola tras ser calcinado en los hornos de Aizpea. Ambos se cargaban en el ferrocarril de Mutiloa.

En Danborre, el punto final del trazado, ocurría lo contrario: el mineral se separaba. Cada compañía —la Compañía Minera de Mutiloa S.A. y la Cerain Iron Ore Company Ltd.— dirigía sus toneladas hacia sus propias instalaciones de almacenaje, transformación y expedición, situadas ladera abajo hacia el río Lointzi. La bifurcación del antiguo ferrocarril es visible todavía hoy en la vía verde. Desde Danborre, un plano inclinado de 150 metros con una pendiente del 31% bajaba el mineral hasta la zona de Lointzi mediante un sistema de cable: el vagón cargado que descendía hacía subir el vagón vacío. En los almacenes de Lointzi el hierro esperaba antes de ser cargado en los trenes del ferrocarril del Norte rumbo a Pasaia o a Hendaia.

En las inmediaciones de la estación de Ormaiztegi se levantaba además un horno de calcinación de la Compañía Minera de Mutiloa S.A. que mejoraba la calidad del mineral antes de su embarque. En 1920 esperaban en esos almacenes 480 quintales métricos de hierro con una pureza del 46% antes de ser conducidos a su destino. El mineral de Mutiloa abastecía la fundición de Araia, las Forges de l'Adour en Boucau, en Baiona, y alcanzaba destinos tan lejanos como Bouveret, en Suiza.

Guía de Movimiento de Minerales nº 3815, Compañía Minera de Mutiloa, febrero 1924

Una guía de movimiento de minerales. Ormaiztegi, febrero de 1924.

Este duplicado número 3815 acredita el envío de carbonato calcinado por la Compañía Minera de Mutiloa a las Fundiciones de Boucau, en Baiona. La línea de transporte utilizada y el sello de la Diputación de Guipúzcoa certifican cada expedición. Fecha: febrero de 1924. Tres años antes del último viaje del tren. El mineral seguía saliendo, el destino seguía siendo el mismo. El panel interpretativo del punto 7 de la vía verde, en Danborre, expone una reproducción de este mismo documento. Papeles como este convierten la historia en algo que se puede tocar.

Las locomotoras

Tres locomotoras a vapor
guardadas en el Makinetxe

La locomotora Mutiloa en Mieres, Asturias, hacia 1960

La locomotora Mutiloa en Mieres (Asturias), hacia 1960 · Foto: mutiloakomeatzaritza.eus

El ferrocarril minero Barnaola–Danborre funcionaba con tres locomotoras a vapor, de 45, 35 y 25 CV. Dos de ellas tenían nombre propio. La tercera no ha quedado documentada con el mismo detalle. Eso dice algo de cómo una comunidad se relaciona con las máquinas que articulan su trabajo durante décadas: las que tienen más presencia se ganan un nombre.

Mutiloa

Kerr Stuart · Reino Unido · 1900

Construida por la firma británica Kerr Stuart en 1900, llegó al coto trasladada desde el puerto de Pasaia. Trabajó en el trazado hasta el cierre del ferrocarril. Acabó sus días en Mieres, Asturias, donde fue fotografiada hacia 1960 antes de ser desguazada.

Pepita

Maschinenbau AG · Hannover · Alemania

Construida en Hannover, en la fábrica Maschinenbau Actien Gesellschaft. Compartió trazado con la Mutiloa durante toda la vida operativa del ferrocarril.

La tercera

25 CV · Sin nombre documentado

La Compañía Minera de Mutiloa S.A. contó con una tercera locomotora de 25 CV. No ha quedado documentada con nombre propio, pero formó parte del mismo parque móvil del coto.

Ilustración de locomotora de vapor de vía estrecha, estilo grabado

Las tres se guardaban y se reparaban en el Makinetxe, la casa de máquinas situada en el trazado a escasos metros del inicio en Barnaola, cuyas ruinas son aún identificables en la vía verde.

El fin de una época y los reinicios

El tren se paró en 1927.
Las minas, no del todo.

En 1927, la Compañía Minera de Mutiloa S.A. envió desde Ormaiztegi su última carga de mineral hasta Hendaia. Desde allí salió rumbo a la fábrica Fundiciones de Boucau, en Baiona. El Ferrocarril Minero de Ormaiztegi a Mutiloa hizo su último viaje. Las locomotoras quedaron paradas en el Makinetxe. Era el fin de la primera gran etapa del coto, la más intensa, la que había transformado por completo el paisaje de Ergoena.

Pero el hierro no había desaparecido. Ni el plomo. En las décadas siguientes, distintos actores volvieron una y otra vez a intentarlo.

Años 30

La Compañía Minera Aralar S.A., de capital alemán, se interesó de manera puntual por la zona minera del Goierri. Una reactivación breve, sin la envergadura de la etapa anterior.

Años 50

La emblemática empresa de Legazpi Patricio Echeverría S.A. extrajo mineral de hierro suficiente para abastecer sus recién construidos hornos esponja.

Años 70

La compañía canadiense Exminesa reactivó la explotación orientada al beneficio del plomo en la mina Troya, cuya entrada principal se situaba junto al caserío Orue. La nueva etapa incorporó la última tecnología del momento —materiales prefabricados, lavadero de flotación, gran balsa de decantación hacia Gabiria— y su impacto en el territorio fue notablemente mayor. El cambio en el curso de los acuíferos y la contaminación del río Estanda en Ormaiztegi son consecuencias que persisten.

1993

La inestabilidad del terreno provocó un derrumbe en el interior de la mina que obligó a su clausura definitiva. La actividad minera en Mutiloa terminó ese año. Más de seis siglos de historia extractiva documentada cerraron con un hundimiento silencioso bajo la montaña.

Interior de una galería del coto minero de Mutiloa

Interior de una galería del coto. Las huellas de los barrenos son aún visibles en las paredes · Foto: Troi Landetxea

El legado

Lo que dejó atrás
sigue estando aquí

Cuando una industria se va, el territorio no vuelve a ser lo que era. Los montes de Mutiloa llevan décadas recuperando vegetación sobre escombreras, balsas y terraplenes, pero la forma del terreno cuenta todavía lo que ocurrió. Las trincheras del trazado ferroviario, los diques del arroyo Troi, los muros del lavadero de Mañastegizahar, las bocaminas cerradas en Gezurmuño: todo eso sigue ahí, al alcance de cualquiera que quiera andar un poco. Si recorres hoy la vía verde, puedes reconocer cada uno de esos elementos con la historia encima.

El coto minero de Mutiloa ha sido reconocido por el TICCIH —Comité Internacional para la Conservación del Patrimonio Industrial— como uno de los diez mejores conjuntos patrimoniales industriales del País Vasco. Y la mina Troya de cinc y plomo figura como zona geológica de relevancia internacional —GEOSITE— según el Instituto Geológico y Minero de España desde 2011.

En 2005, Mutiloa y Ormaiztegi iniciaron un proceso de recuperación y puesta en valor del coto. En 2007 quedó inaugurada la vía verde sobre el antiguo trazado del ferrocarril minero. Posteriormente, esa vía se integró con el camino Troi en Mutiloa y el camino Lointzi en Ormaiztegi, creando un circuito de 7 kilómetros que hoy cualquiera puede recorrer a pie o en bicicleta.

La vía verde Mutiloa-Ormaiztegi sobre el antiguo trazado del ferrocarril minero

La vía verde sobre el antiguo trazado del ferrocarril minero · Foto: Ángel Elorza

Cartel del camino Troi en Mutiloa

El cartel del camino Troi, ruta histórica de acceso al coto minero · Foto: Troi Landetxea

El nombre

Troi. El río, la mina,
el camino y la casa

Troi no es un nombre inventado. Es el nombre histórico de esta zona minera de Mutiloa. La mina principal lleva ese nombre. El arroyo que nace en sus entrañas también. Y el camino histórico de acceso al coto, el que une el casco de Mutiloa con las instalaciones de Barnaola siguiendo el río, se llama el camino Troi. En castellano, esa misma zona se conocía como Troya —de ahí los topónimos que alimentaron las hipótesis sobre presencia antigua.

El río El arroyo Troi nace en las entrañas de la mina del mismo nombre, a unos 500 m de altura. Recorre el valle de Ergoena y vierte sus aguas en el río Oria, ya en Segura.
La mina La mina Troi fue uno de los enclaves extractivos principales del coto. Sus galerías se trabajaban con el sistema de cámaras y pilares. Sus bocaminas son aún visibles en Peatza.
El camino El camino Troi es la ruta histórica de acceso al coto minero desde el casco de Mutiloa. Hoy es uno de los recorridos del parque minero, que conecta con la vía verde en Barnaola.

El nombre de la casa es un homenaje directo a ese territorio. Y el homenaje no se quedó en el nombre. Las tres habitaciones llevan los nombres de tres puntos del antiguo trazado minero que la vía verde une hoy a pie:

Barnaola

El caserío del siglo XVI que fue centro neurálgico del coto. Allí confluían el mineral de Mutiloa y el de Zerain antes de cargar en el ferrocarril. Hoy es uno de los hitos del camino Troi y de la vía verde.

Danborre

El punto final del ferrocarril minero y su bifurcación. El nombre evoca el tambor del cable del plano inclinado que allí giraba, bajando el mineral cargado y subiendo el vagón vacío.

Lierni

El barrio donde está la casa. El único puente de todo el trazado ferroviario salvaba aquí un desnivel. Hoy es el punto central de la vía verde: el trazado pasa justo al lado de Troi Landetxea.

El homenaje al coto llega hasta el logo. Las vías del ferrocarril minero forman parte de él. Como si el tren nunca se hubiera ido del todo.

Hoy los bosques han recuperado el silencio. Sin embargo, quien recorre la vía verde con calma descubre que bajo ese paisaje siguen presentes las huellas de una de las aventuras industriales más importantes del Goierri.

El trazado sigue ahí.
Pasa justo al lado.

Si quieres recorrer el ferrocarril minero, explorar el coto o simplemente entender el paisaje que te rodea, pregúntanos. Conocemos bien el terreno y el contexto.

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Fotografía: Ángel Elorza (caserío Barnaola, vía verde) · Troi Landetxea (Mañastegizahar, bocaminas, cartel Troi bidea, mapa) · mutiloakomeatzaritza.eus (locomotora Mutiloa, documento de archivo nº 3815) · Fuente principal: Coto Minero de Mutiloa (mutiloakomeatzaritza.eus)

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