Aizkorri y el Túnel
de San Adrián.
Una excursión que te pone en tu sitio.
Hay montes que se suben con las piernas… y otros que se suben también con la memoria. Aizkorri es de los segundos.
Cuando atraviesas el Túnel de San Adrián, pisas exactamente el mismo suelo que peregrinos medievales, arrieros, reyes y contrabandistas. No haces una excursión: continúas una historia que empezó hace más de cuarenta mil años.
📷 Fotografía de Ángel Elorza · Parque Natural Aizkorri-Aratz
El techo del País Vasco, a tu alcance.
El Parque Natural de Aizkorri-Aratz es, sin exageración, el espacio montañoso más imponente de Euskadi. Con casi 16.000 hectáreas repartidas entre Gipuzkoa y Álava, alberga las cimas más altas de la comunidad — el Aitxuri con 1.551 metros y el Aizkorri con 1.528 — y una diversidad de paisajes que sorprende a quien llega por primera vez.
En su cara norte dominan los hayedos silenciosos y húmedos, con ese verde profundo que sólo da el clima atlántico. En la cara sur, los paisajes cambian radicalmente: prados calizos, pastos de altura donde pastan miles de ovejas latxa desde la primavera hasta el otoño, y crestas rocosas que parecen sacadas de otra latitud. Es también la divisoria de aguas entre el Cantábrico y el Mediterráneo, y en sus cumbres nacen tres de los ríos más importantes de Gipuzkoa: el Deba, el Urola y el Oria.
La geología caliza del macizo ha generado un paisaje kárstico espectacular: dolinas, lapiaces, simas, barrancos y una extensa red de cavidades subterráneas. Y sobre todo eso — fauna rupícola de primer nivel: halcones peregrinos, buitres leonados, alimoches y la colonia de buitres más grande de Gipuzkoa sobrevolando las crestas.
Cincuenta y cinco metros.
Cuarenta mil años de historia.
El Túnel de San Adrián no impresiona por su tamaño — apenas 55 metros de largo, a 1.000 metros de altitud, justo en el límite entre Gipuzkoa y Álava. Lo que impresiona es lo que contienen esas piedras.
Los restos más antiguos encontrados en su interior corresponden al Paleolítico Superior, hace más de 40.000 años. Pero fue durante la Edad del Bronce (alrededor del año 3500 a.C.) cuando un grupo humano se asentó permanentemente dentro del propio túnel. Más tarde, en época romana, el paso ya conectaba ambas vertientes de la sierra. Y desde el siglo XI está documentado su papel como la vía natural entre la Llanada Alavesa y el valle del Oria — el camino que unía Castilla con Europa y el mar Cantábrico.
Durante su época de mayor esplendor, el paso llegó a contar con taberna, caballerizas, albergue, guardia permanente y una alcaldía. Era, en la práctica, un pueblo dentro de una cueva. La ermita interior —dedicada a San Adrián, que dio nombre definitivo al paso— data de la Edad Media y sigue en pie hoy. En 1503, el papa Julio II le otorgó el título de priorato.
El monje alemán Herman Künig von Vach documentó su paso por aquí en 1495, a su regreso desde Santiago. El cartógrafo holandés Jan Janssonius escribió que "los pasajeros usualmente graban sus nombres en las gruesas piedras" para dejar constancia del cruce. Tradición que puedes constatar hoy al entrar: hay inscripciones en la roca de todos los siglos.
Cuando Gipuzkoa y Álava pasaron a la Corona de Castilla, San Adrián se convirtió en el paso obligado para mercancías, diplomáticos y viajeros entre la Península e Europa. El embajador veneciano Andrea Navagiero, en el siglo XVI, dejó escrito: "Pasamos el Pirineo por el Puerto de San Adrián, muy áspero así a la subida como a la bajada." Lo cual, para ser un diplomático del Renacimiento, suena a queja bastante contenida.
Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2015
En 2015, la UNESCO incluyó el Túnel y la Calzada de San Adrián como bien individual del Camino de Santiago (ref. 669bis-017), dentro de la declaración de los Caminos del Norte de España. Una calzada medieval que parece romana pero no lo es — se construyó en la Edad Media como Camino Real de Postas — y que hoy puede recorrerse exactamente igual que hace ocho siglos.
El túnel y su ermita interior · 📷 Ángel Elorza
Una excursión para todos los ritmos.
Desde el Parking de Aldaola — a 25-30 minutos en coche desde Troi Landetxea, pasando por el alto de Otzaurte — salen tres rutas con niveles distintos. La más corta llega al túnel en 45 minutos de subida suave. La más larga te sube a las crestas del Aizkorri y te deja con Gipuzkoa y Álava bajo los pies.
Elige tu nivel de aventura.
Cómo llegar al parking: Desde Troi Landetxea, dirección Zegama por el alto de Otzaurte. Frente al restaurante Otzaurteko Benta (reconocido por sus alubias), sigue la pista de hormigón unos 10 minutos hasta el Parking de Aldaola — grande, gratuito, con panel informativo de las rutas. En época de caza verás coches aparcados en los bordes: son los cazadores, no te despistes.
Hayedo · Calzada medieval · Paisaje kárstico del macizo · 📷 Ángel Elorza
Interior del túnel · Vista desde el sendero · 📷 Ángel Elorza
Aizkorri y el Túnel de San Adrián en imágenes
Vista desde las crestas del Parque Natural de Aizkorri-Aratz · 📷 Ángel Elorza
Lo que necesitas saber.
Un monte que no necesita que nadie lo describa.
Aizkorri te mira desde arriba como han mirado siempre las montañas antiguas: sin prisa, sin interés en impresionarte, sin importarle si vienes cansado o vienes buscando inspiración. Lleva haciendo lo mismo desde antes de que existiera el concepto de turismo, y lo seguirá haciendo cuando esto pase de moda.
El Túnel de San Adrián seguirá ahí cuando vuelvas a casa, con sus inscripciones de viajeros de todos los siglos, con su ermita húmeda y silenciosa, con esa luz extraña que entra por sus dos bocas al mismo tiempo. Igual que estuvo para el monje alemán que cruzó en 1495, para el embajador veneciano del XVI y para los miles de peregrinos anónimos que no dejaron registro.
Cuando regreses a Troi Landetxea con barro en las botas y la cabeza llena de aire limpio, entenderás que hay excursiones que se disfrutan… y excursiones que te recuerdan quién eres. Aizkorri es de las segundas.
Despierta en el Goierri.
Aizkorri a 25 minutos.
Desde Troi Landetxea tienes acceso directo al corazón del Parque Natural Aizkorri-Aratz — y al volver, una chimenea, una cama de verdad y silencio de valle.
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